La importancia de la alimentación en el desarrollo infantil

28 de Ene 2026

Dra. Mª Ángeles López Sánchez
Especialista en Gastroenterología y nutrición pediátrica del Hospital de Poniente

 

La alimentación desempeña un papel fundamental en múltiples dimensiones del desarrollo infantil. No solo influye en el crecimiento físico, sino también en el desarrollo cognitivo, emocional y social del niño.

Una nutrición adecuada es esencial para garantizar un crecimiento saludable durante la infancia. Además, es en esta etapa cuando se establecen los hábitos alimentarios que, en muchos casos, se mantendrán a lo largo de la vida adulta. Por ello, resulta especialmente importante que estos hábitos sean saludables y que seamos conscientes de que constituyen la base de la salud futura.

La infancia es el periodo en el que se produce el mayor crecimiento físico y el desarrollo psicomotor más significativo. En este contexto, la alimentación no solo cumple la función de aportar energía, sino que es clave para los procesos de maduración y desarrollo integral del organismo.

Una alimentación equilibrada se asocia a una menor incidencia de enfermedades en la infancia, como la anemia, el sobrepeso, la obesidad, la caries dental o las dificultades de aprendizaje. Asimismo, contribuye a reducir el riesgo de desarrollar enfermedades en la edad adulta, entre ellas la hipercolesterolemia, la diabetes, la obesidad o la hipertensión arterial.

Especial relevancia tiene la alimentación durante los primeros 1.000 días de vida, que abarcan desde la concepción hasta los dos primeros años. Este periodo constituye uno de los determinantes más importantes del desarrollo y un factor clave en la prevención de enfermedades. En este sentido, uno de los pilares nutricionales fundamentales es la lactancia materna exclusiva durante los primeros seis meses de vida, así como su recomendada continuación, junto con la alimentación complementaria, hasta al menos los dos años.

Se considera alimentación saludable aquella que aporta la cantidad suficiente de alimentos necesarios para cubrir los requerimientos de crecimiento y desarrollo, y cuya variedad y calidad nutricional son adecuadas.

En nuestro entorno, la dieta mediterránea representa un modelo alimentario de referencia. Se basa en un elevado consumo de frutas y hortalizas —al menos cinco raciones diarias, con tres de fruta y dos de verduras—, la inclusión regular de legumbres (al menos tres veces por semana), el consumo frecuente de frutos secos, la preferencia por alimentos integrales y el uso de aceite de oliva virgen como principal fuente de grasa.

Tan importante como los alimentos que se incluyen en la dieta es limitar aquellos cuyo consumo debe ser reducido. Entre ellos se encuentran la sal, el azúcar, las bebidas azucaradas, el elevado consumo de carnes rojas, las grasas saturadas y los alimentos ultraprocesados o de bajo valor nutricional, como la comida rápida, los snacks, los embutidos o la bollería.

La alimentación también ejerce una influencia significativa en el desarrollo neurológico y emocional. Desde el establecimiento del vínculo afectivo a través de la lactancia —momento en el que el bebé reconoce el olor y la cercanía de sus cuidadores— hasta el inicio de la alimentación complementaria, que abre la puerta a un nuevo mundo sensorial mediante el descubrimiento de sabores y texturas. Este proceso contribuye, además, al desarrollo psicomotor y a la adquisición progresiva de autonomía.

El entorno y las emociones que rodean el momento de la alimentación son igualmente determinantes. Un ambiente tranquilo, sin distracciones y con una actitud positiva favorece conductas alimentarias adecuadas y convierte las comidas en experiencias compartidas que refuerzan el desarrollo emocional y la socialización.

Por último, es fundamental recordar que la familia constituye el principal modelo de conducta. Los hábitos alimentarios y de estilo de vida de los adultos influyen directamente en los de los niños, por lo que predicar con el ejemplo mediante una alimentación equilibrada y hábitos saludables resulta esencial.

 

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