Cómo reconocer y tratar el estreñimiento infantil

20 de Ene 2026

Dra. Laura de la Barreda Heusser
Especialista en gastroenterología y hepatología infantil

 

Un niño presenta estreñimiento cuando existe dificultad o retraso en la defecación. Es importante tener en cuenta que el estreñimiento no se define únicamente por una disminución en la frecuencia de las deposiciones. Un niño puede evacuar a diario y, sin embargo, considerarse estreñido si las heces son grandes, duras y secas, o si la evacuación le produce incomodidad o dolor. Por el contrario, un niño puede realizar deposiciones solo tres veces por semana y tener un hábito intestinal normal si las heces son de aspecto normal y no requieren esfuerzo ni causan dolor.

El estreñimiento es uno de los motivos más frecuentes de consulta en la edad pediátrica, tanto en atención primaria como en atención especializada. En ocasiones genera una gran preocupación en los padres, ya que puede afectar a la calidad de vida del niño. Por este motivo, resulta fundamental un abordaje temprano por parte del pediatra para evitar que el problema se prolongue en el tiempo.

 

Situaciones que no son estreñimiento

Existen algunas situaciones propias de los lactantes que pueden confundirse con estreñimiento y que no requieren tratamiento. Entre ellas se encuentran la disquecia del lactante y el pseudoestreñimiento.

La disquecia del lactante se presenta en bebés menores de 9 meses y consiste en episodios de gran esfuerzo y llanto antes de la expulsión de heces blandas y de aspecto normal. Estos episodios pueden durar entre 10 y 20 minutos y desaparecen tras la deposición. Se producen por una falta de coordinación entre la contracción de los músculos abdominales y la relajación del esfínter anal durante la defecación, una situación que mejora a medida que el bebé madura.

El pseudoestreñimiento del lactante aparece con mayor frecuencia en bebés alimentados con lactancia materna. Se caracteriza por una disminución del ritmo intestinal, pudiendo pasar entre 5 y 7 días sin realizar deposiciones, o incluso más tiempo en algunos casos. Cuando finalmente se producen, las heces son normales y se expulsan sin esfuerzo.

 

Por qué se produce el estreñimiento

En la edad pediátrica, la mayoría de los casos de estreñimiento, aproximadamente entre el 90 y el 95 %, son de causa funcional. Esto significa que no existe una enfermedad o problema anatómico que lo justifique. En estos casos influyen factores alimentarios, sociales o psicológicos, así como el dolor anal. El miedo a la defecación puede provocar evitación y retención de heces, lo que favorece una mayor absorción de agua en el colon y da lugar a heces más duras y de mayor volumen, estableciendo un círculo vicioso.

Cuando las heces permanecen durante mucho tiempo en el recto, el niño puede dejar de percibir la sensación de necesidad de evacuar. Esto provoca una dilatación del recto, que es capaz de almacenar una mayor cantidad de heces, empeorando progresivamente el cuadro.

En un pequeño porcentaje de casos, alrededor del 5 %, el estreñimiento puede estar relacionado con una causa orgánica. Entre ellas se incluyen malformaciones o alteraciones del movimiento intestinal, malformaciones anales, enfermedad celíaca, fibrosis quística, alteraciones neurológicas o problemas del tiroides, entre otras.

Existen tres momentos clave en la infancia en los que el estreñimiento aparece con mayor frecuencia. El primero es el paso de la lactancia materna a la fórmula infantil y la introducción de la alimentación complementaria, ya que las fórmulas pueden modificar la consistencia de las heces y hacerlas más duras. El segundo es el inicio del control de esfínteres y la retirada del pañal, que debe realizarse cuando el niño presenta un patrón de defecación regular y señales claras de madurez, como no evacuar durante el sueño, manifestar la necesidad de defecar, retener las heces hasta llegar al orinal, sentarse adecuadamente y comprender instrucciones sencillas. Si el proceso se inicia sin que el niño esté preparado, puede desencadenarse o empeorar el estreñimiento. El tercer momento es el inicio de la escolarización, ya que el niño puede evitar ir al baño por no poder seguir las mismas pautas que en casa o por encontrar el entorno poco adecuado o desagradable.

 

Manifestaciones clínicas y diagnóstico

El estreñimiento puede asociarse a dolor abdominal, distensión abdominal y, en algunas ocasiones, pérdida de apetito. No obstante, en la mayoría de los casos, el único síntoma presente es la alteración de las deposiciones, tanto en frecuencia como en aspecto.

Puede manifestarse también como una masa palpable a nivel abdominal, consecuencia de la acumulación de heces endurecidas en el colon, lo que se conoce como impactación fecal o fecaloma, con gran dificultad para su expulsión. En los niños pequeños es frecuente observar posturas de retención, como cruzar las piernas o contraer los glúteos, que reflejan el deseo de posponer o evitar la defecación, generalmente por miedo al dolor.

En algunos casos puede aparecer dolor anal y sangrado en las heces debido a fisuras anales o hemorroides. En situaciones de estreñimiento crónico y severo pueden producirse escapes involuntarios de heces por rebosamiento, manchando la ropa interior, lo que se conoce como encopresis, una forma frecuente de presentación del estreñimiento.

El diagnóstico suele ser clínico. En la mayoría de los casos, los síntomas y la exploración física son suficientes. Una historia clínica detallada, que incluya antecedentes personales y familiares y una valoración de la dieta, permite identificar la causa del estreñimiento. En determinadas situaciones, especialmente ante síntomas de alarma o falta de respuesta al tratamiento, pueden ser necesarias pruebas complementarias.

Los signos de alarma que hacen sospechar una causa orgánica incluyen el retraso en la expulsión de la primera deposición tras el nacimiento, heces delgadas y aplanadas en menores de un año, problemas de crecimiento, distensión abdominal persistente o vómitos asociados. En estos casos pueden requerirse análisis de sangre, manometría anorrectal para medir las presiones del esfínter anal o un enema opaco, que consiste en una radiografía abdominal tras la introducción de un contraste que permite evaluar la anatomía del colon.

 

Claves del tratamiento

El estreñimiento crónico es un problema que puede prolongarse en el tiempo y cuyo tratamiento puede requerir medidas específicas durante meses o incluso años. El abordaje se basa en cuatro pilares fundamentales: una dieta adecuada, la educación del hábito defecatorio, la actividad física regular y, en algunos casos, el tratamiento farmacológico.

Desde el punto de vista dietético, es importante fomentar el consumo de alimentos integrales o enriquecidos con fibra, como cereales, pastas, pan y legumbres, así como asegurar una ingesta diaria suficiente de frutas y verduras, al menos cinco raciones al día, preferentemente fruta entera o en trozos y con piel. No obstante, cuando existe una retención importante de heces o impactación fecal, puede ser recomendable reducir temporalmente el consumo de fibra hasta conseguir la desimpactación, ya que esta puede empeorar la situación.

La ingesta adecuada de agua, ajustada a la edad, es un aspecto esencial del tratamiento, ya que el intestino grueso absorbe agua de las heces y una hidratación insuficiente favorece la formación de deposiciones secas y duras. También es importante limitar el consumo de lácteos, ya que disminuyen la movilidad intestinal y enlentecen el tránsito.

La educación del hábito defecatorio constituye otro pilar clave. En los niños que ya no usan pañal, se recomienda establecer una rutina regular, sentándolos en el inodoro o el orinal durante un máximo de 10 a 15 minutos, de dos a tres veces al día, preferentemente después de las comidas, momento en el que el reflejo gastrocólico facilita la evacuación. Es fundamental enseñar al niño a no retener las ganas de defecar y reconocer las posturas de retención. En algunos casos puede ser útil el uso de adaptadores de inodoro y asegurar que los pies estén apoyados en el suelo o en un pequeño escalón para favorecer una postura adecuada.

Asimismo, es necesario fomentar la actividad física diaria, ya que contribuye a aumentar los movimientos del intestino grueso y favorece el tránsito intestinal.

Por último, en algunos casos puede ser necesario el uso de laxantes por vía oral o, en determinadas situaciones, enemas, siempre bajo prescripción del pediatra. También resulta esencial tratar adecuadamente las fisuras anales, ya que el dolor asociado puede provocar evitación de la defecación, retención de heces y empeoramiento del cuadro.

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